
Es bien sabido que la mejor forma de relajarse y olvidarse de los quehaceres que suelen atormentarnos es recurrir a algo que disfrutemos de hacer, como bailar. Los bailes tienen la capacidad de representar de otra forma los sentimientos de las personas, sean o no ellos los bailarines. Sucede como un reflejo de lo que se desea transmitir.
Pero no todo se queda en palabras, de hecho dentro del cuerpo suceden millones de cosas que permiten que nosotros nos sintamos de cierta forma al bailar, o que podamos mostrar este baile frente a un público. El baile mismo aporta emoción, pero además provee al bailarín de coordinación, originalidad, seguridad en sí mismo, versatilidad, entre otros.
La danza además constituye un esfuerzo físico, por lo que puede llevar el nombre de “deporte” cuando se practica con frecuencia. Esta actividad acelera nuestro ritmo cardíaco y depende de la dificultad puede causarnos un poco de dolor muscular, pero generalmente es acompañada de una sonrisa triunfal, de saber que la práctica valió la pena.
La relación entre el ser humano con su entorno es bastante estrecha, sobretodo cuando este vive solo pues la comunicación se reduce. Sin algo que hacer, la persona no podría vivir. Por esa razón algunos optan por el baile, un pasatiempo entretenido que además tiene un transfondo: es beneficioso para quien lo practique. La conciencia, la parte cognitiva, la expresión de sentimientos, todo recibe “luz” cuando quienes disfrutan de bailar lo llevan a cabo; se aclara la mente y realmente el resultado es envidiable. No por nada tantas personas optan por bailar.
Claudia Alessandra Zambrano Santoyo
4to “B”


